lunes, 9 de septiembre de 2013

2024: una nueva oportunidad?

El pasado sábado, cuando Madrid fue apeada de la carrera olímpica, muchas personas mostraron su indignación, rabia y enfado por no entender dicha decisión.
Otras, de repente, tenían la respuesta al por qué Madrid no sería olímpica (casualmente a esas personas, en la jornada previa, solo les escuché decir las grandes posibilidades que tenía Madrid).

Por otra parte, ya estamos buscando culpables; que si el CIO, que si los franceses, que si el tiempo, que si, que si..
Bajo mi punto de vista, lo que tendríamos que hacer es lo que se hace en todas las empresas; recopilar, analizar, deducir, concluir y resolver.

Si uno no sabe por qué ha perdido, probablemente no sepa cómo ganar.
Si buscamos culpables en el exterior en vez de mirar en el interior en busca de errores (no de culpables) quizás es seguro que volveremos a tropezar en la misma piedra. Si seguimos haciendo las cosas igual, obtendremos siempre, el mismo resultado (Albert Einstein).

Deseo que este análisis se esté realizando y que probablemente en cuestión de unos meses tengamos la solución a nuestro problema.
Aunque quizás sea mucho confiar, puesto que las decisiones que incumben a un país, que influyen en la imagen de marca del conjunto y que pueden tener impacto en la economía nacional suelen tomarse más por el “pálpito” político que por el análisis técnico.

Qué se debería hacer en el futuro?
Bajo mi punto de vista, la inversión que supone presentar una candidatura olímpica no es comparable con los beneficios que aporta, incluso sin ganarla.
Madrid, desde que lo intenta, pone en el mapa a España, a nivel global, cada cierto tiempo. Promueve la imagen de marca, y nos hace trabajar en torno a un proyecto común.

Creo que se dan las circunstancias económicas (en la presentación del próximo proyecto España estará en mejores condiciones), políticas (toca Europa, hay más ciudades europeas interesadas y ante una dispersión del voto, podemos obtener beneficio) y sociales (las personas) para que España vuelva a presentar a su ciudad capital, Madrid, como ciudad candidata a albergar los Juegos Olímpicos del 2024.
Considero que el proyecto debería ser muy ambicioso, transformador, ilusionante, con hitos nunca conseguidos. En el que los patrocinadores tengan un lugar de privilegio, contando con todos, con las mejores marcas, y con las personas (nuevo modelo de patrocinio social e innovador).

España como nación, necesita de proyectos comunes que se sitúen por encima de las ideas y las posturas políticas. Cohesión, unidad, y solidaridad, son los valores que se aportan en un proyecto de esta naturaleza.

El coste que supone su presentación es irrelevante en contraste con los beneficios que se obtienen, durante la preparación, en la elección y si se gana, con su posterior ejecución.
Una candidatura fuerte, solvente, financiada, co-participada, y apoyada a nivel político como un proyecto de país, junto con la coyuntura olímpica en la que "toca Europa" y en la que se presentarán distintas ciudades de la potencia de París, Roma o Berlín dividiendo el voto, me permite pensar en porcentajes de éxito razonables.

Por todo ello, sin datos y sin respuestas, solo con un análisis voluntarista y meramente deductivo, apoyaría la presentación de Madrid como ciudad candidata para la celebración de los Juegos Olímpicos del 2024.
 
 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Madrid 2020; la fuerza de la ilusión.


Este artículo tiene una clara intencionalidad: apoyar a la candidatura de Madrid 2020.

Hace unos años, tuve la suerte de vivir de una forma muy especial, aunque de forma tangencial, la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2012.

Por aquella época, estaba trabajando para el Ayuntamiento de Madrid en un área muy cercana a las personas que por aquel entonces coordinaban la candidatura.

No voy a aburrir con mis experiencias en aquellos días, pero sí que os diré que yo percibí un convencimiento muy importante acerca de las posibilidades de Madrid en aquella primera intentona.

Ahora, Madrid vuelve a lanzar la moneda al aire y esperemos que esta vez salga “cara”.

Y no digo “cara” con segundas, como podrán pensar algunos, puesto que para mí la organización de unas olimpiadas no dejan de ser una inversión rentable tanto a corto como a medio y largo plazo (ahí tenemos el ejemplo de Barcelona 1.992).

Bajo mi punto de vista, lanzar esa moneda significa que no existe una absoluta seguridad del por qué ganan unas y pierden otras. Esto no es como un examen al uso. Aquí no hay aprobados ni notas, ni tampoco segundas oportunidades. No hay una tabla de respuestas donde puedas ver en qué te has equivocado o por qué fulanito de tal ha conseguido ser la elegida.

Este juego del olimpismo es cuanto menos oscuro. Nadie sabe realmente cuáles son los parámetros que utilizan para tomar sus decisiones y mucho menos nos atrevemos a pedir que las justifiquen (faltaría más).

Por todo ello, presentarse a este tipo de carreras no deja ser un ejercicio similar al de ·”echar una moneda” en una máquina y “jugársela”, puesto que puedes tener una candidatura sobresaliente y no llevarte “el gato al agua”.

En esta ocasión Madrid presenta otro proyecto, una vez más, de matrícula de honor. En 2012, era un proyecto de categoría, con inversiones, espectacular, alucinante, número uno, pero.. finalmente nos apearon.

Si soy muy muy sincero, espero que esas “gestiones” que se realizan con los miembros “cio” hayan servido, en esta ocasión, para que la moneda pese más (ahora que nos dedicaremos al juego..) y caiga del lado de Madrid.
 
 

Porque Madrid se lo merece. España lo necesita. Y los ciudadanos necesitamos creer.

Porque no nos engañemos; alguien desde fuera podría darnos ese empujón de ilusión que tanta falta nos hace. Hoy más que nunca, la candidatura olímpica es la candidatura de la ilusión, el punto de inflexión, la salida del túnel, una nueva oportunidad para creer en nosotros mismos.

Después de estos largos años de crisis política (corrupción), social y económica, Madrid, y España, necesitan estos juegos para recuperar el optimismo.

Algunos dirán que es la mejor oportunidad para que esos que se dedican “al rapiñeo”, vuelvan a “meter la mano en la caja” y llevarse lo que no es suyo.. pero yo creo, que por encima de eso, está la ilusión.

Madrid 2020, la fuerza de la ilusión. Yo creo en los Reyes Magos, Papá Noel, y lo que haga falta, porque una meta alcanzable, de altas cotas y de gran satisfacción, puede que nos haga felices a todos que falta nos hace.

Por encima del dinero, la ilusión. Por encima de la ilusión, nada.
A ver si sale “cara”.

Un abrazo a tod@s y suerte.

Jesús García Mingorance

viernes, 9 de agosto de 2013

La injusticia de ser padre..

Hace poco más de un mes, llegó al mundo mi primera hija, Paula.

Se supone que cuando se confirma que tu mujer está embarazada ya te haces a la idea de que vas a ser padre pero a mí no me sucedió así.
 Quizás los varones al no tener al nuevo ser humano dentro de nosotros, no nos hacemos a la idea hasta que no le vemos o le tenemos entre nuestros brazos. (muy similar a lo que le ocurrió a uno de los apóstoles cuando tuvo que tocar las heridas de Jesús para creer que era Él el resucitado)

En mi caso, debo reconocer que esto sucedió así.
Bien, el motivo de que escriba sobre mi experiencia como padre radica en la injustica de serlo, y me explico. Esto no va de arrepentimientos ni de remordimientos. Esto va de un padre que se rebela contra lo que considera un injusticia; ser varón por el orden natural y social actual.

Además, ser madre no es fácil, y aunque el “orden natural” está con ellas, el orden social se lo está poniendo cada vez más difícil.
Primer argumento; el día del nacimiento de mi hija, tras no poco sufrimiento, se decidieron por realizar una cesárea. La niña no “quería” salir y quisieron sacarla. Finalmente subieron al quirófano y me quedé en la puerta esperando hecho un manojo de nervios. En un momento dado, escuché el llanto de un bebé (por otra parte inconfundible) y pensé que esa era mi hija.

Lloré de alegría, y a la vez de frustración, porque todo parecía que había ido bien, pero no podía verla ni tenerla.
Segundo argumento; cuando salió el matrón para decirme que todo había ido bien, me trajo en un cunita con ruedas a mi recién nacida. Era tan bonita.. pero ahí estaba, tumbada en su cuna y yo, viéndola de lejos.

Tercer argumento; al ser una cesárea me invitaron a realizar el “piel” con “piel” con mi hija, con el objetivo de sustituir a la madre y estimular a la pequeña a buscar su fuente de alimentación, el pezón. Ante esto, me puse muy contento y estaba deseando que me la pusieran.
Cuando llegaron a la habitación con mi pequeña Paula, me quité la camisa y le mostré mi pecho para que ella sintiera y se sintiera arropada como si fuera el calor materno. Si os digo la verdad, fue una experiencia indescriptible, mi pequeña hija, que tras unos minutos de desconcierto y búsqueda del “santo grial” (el pezón) lo acabó encontrando, me miró, y esbozó una mueca de frustración que jamás se me olvidará.

Como varón, no podía darle lo que necesitaba, y ella, así lo percibió.
Sí, es cierto que para mí la experiencia será imborrable, de hecho entre ella y yo surgió el amor, pero sí que os digo que no hay nada más frustrante como no poder dar lo que tu hija necesita.

Cuarto argumento; y una vez en casa, la tónica dominante es esa. Mi hija cuando necesita lo más importante no puede recurrir a mí (de momento) puesto que es la madre la que disfruta de ese privilegio, de ese gran don.

Sinceramente, podría seguir desgranando argumentos y razones por los que es injusto ser padre, o ser padre varón.. pero no quiero que penséis que estoy mal o frustrado.

Solo quería poner de manifiesto lo maravilloso que es ser madre y la suerte que tienen las mujeres por serlo.
Como quinto argumento y el más “prosaico” podría centrarme en la tristeza tan honda que me causó tener que volver al trabajo tan solo quince días después de su llegada o en los sentimientos de abandono o “mal padre” por dejar a mis dos mujeres solas en casa, sin ayuda.

Sé que la sociedad está montada alrededor de las madres y me parece bien, porque ellas hacen algo maravilloso que nosotros no podemos hacer. Pero tras vivir esta experiencia no puedo por más que pedir a nuestros gobernantes y futuros políticos que piensen en el bien de nuestros niños y niñas y que procuren darle a la madre  y al padre, lo que necesitan; más tiempo.
Más tiempo para estar con sus hijos (la OMS recomienda la lactancia materna completa, al menos, hasta los seis meses de edad) ya que la madres, por ejemplo,  hoy en día solo disponen de 16 semanas + 13 días de lactancia y si tienen suerte, más las vacaciones no disfrutadas.. pero eso, señores diputados y diputadas, no es suficiente.

No es suficiente, tampoco, la inversión que se realiza en la protección de la salud de los menores. No se puede permitir que ciertas vacunas no estén financiadas por la sanidad que pagamos todos, cuando se están financiando cosas que no son indispensables para la vida (y no quiero dar ejemplos).
Tampoco es suficiente que para los padres varones simplemente se provea de 15 días de permiso. Aunque nosotros no seamos “imprescindibles” biológicamente hablando para intervenir en el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos e hijas, somos y así lo veo yo, injustamente tratados y minusvalorados. Creo que somos el soporte vital y emocional de estos primeros meses, de esos primeros días.

Si se quiere que los padres varones participen, por qué se les frustra de esta manera?. No tengo la respuesta, pero sí la solución; hagamos algo.
Mi primer granito de arena en defensa de la maternidad y la paternidad, va en este artículo alegato. Es injusto ser padre varón, porque si encima de que la naturaleza no nos ha dado el don de criar al menos nuestra sociedad humana podría potenciar y ayudar al reconocimiento de nuestro papel.

Sin embargo, la realidad, como hemos visto, es otra: la sociedad, mediante sus reglas y gobernantes, no han hecho más que frustrar el instinto de ser padre¡.

Si estás de acuerdo en solicitar que se amplíen las medidas de protección a la familia (ampliación del permiso de maternidad, de paternidad y otras medidas de protección), no dudes en compartir este artículo, porque aunque otros no hagan nada, nosotros sí podemos hacer algo.
Salu2 y buen verano¡

Jesús García Mingorance

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